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MADRES, PADRES E HIJOS: ¿AMOR ETERNO?

El inquebrantable y eterno concepto de lazo materno-filial (y paterno-filial, por supuesto) siempre estuvo anclado en el imaginario social común. Todos tenemos en mente el concepto (hartamente manido) de que esos lazos nunca se rompen. Las madres y los padres siempre quieren a sus hijos en amor eterno.

Pero, estés o no de acuerdo, la sociedad actual los pone a prueba. Sea por el concepto de maternidad que tenemos, cambiante y diferente, o bien sea porque la crianza tiene muchos recovecos y la vida muchas ironías y palos que dar. Y ahí está el cine, que ejemplifica como nadie todos esos cambios de paradigma o concepto.

Además, el séptimo arte pone sobre la mesa el debate de lo que realmente entendemos qué es ese amor que creíamos irrompible. El cine lo analiza y le da nuevas acepciones o puntos de vista. Se puede decir que lo actualiza. Porque, aunque no entre dentro de la arcaica e inamovible definición, el amor de un padre y de una madre es un amplio y férreo sentimiento.

Podemos introducir en el debate el concepto de padre-madre y sus variables relaciones con sus hijos: la maternidad biológica, la adopción, la paternidad subrogada, los casos de niños perdidos, niños no reconocidos, hijos desconocidos… Y ante todas las posibilidades, ¿cómo definimos el cariño o amor que tienen que tener entre ellos?, ¿en todos los casos son iguales esos lazos afectivos?

A continuación os proponemos unas cuantas películas en las que los límites de la maternidad y la paternidad se diluyen y desdibujan. Donde la sociedad, o la vida misma, pone al límite ese concepto para poder entenderlo en toda su dimensión. Momentos, vicisitudes y realidades que nos hacen reflexionar. Disfrutad de ellas. Y meditad a partir de ellas.

«MADRES VERDADERAS» (JAPÓN, 2020)
«Satoko y su marido, tras infructuosos intentos de ser padres, deciden adoptar un niño. Un paso difícil de dar para la pareja. Pero años después de la decisión los cimientos de esta feliz familia se tambalean…»

Su belleza radica en la confrontación de lo preestablecido y lo interiorizado, con lo que la realidad nos enseña a ver. Un trabajo bello, de delicada puesta en escena, de planos etéreos y luminosos que nos ofrece todo un abanico de tonalidades sobre lo que la maternidad (y la paternidad) fue, es y puede llegar a ser. Un trabajo limpio de ornamentación en el que los sentimientos fluyen desde lo añorado hasta lo vivido. Y en el que los personajes se llenan de sabiduría a partir de sus necesidades y deseos.

Naomi Kawase trata sin condescendencia a todos los protagonistas que chocan pero no se destruyen, se dañan, pero no se hieren. Un laborioso y escrupuloso trabajo de creación de personajes basados en una realista y verista trama que suma vivencias y desencuentros para toparse con la salida más consensuada, la que los lleva a aceptarse y aceptar a los demás. Porque, al final, los sentimientos puros son los que sobreviven a la historia.

«LAST CHILD» (COREA DEL SUR, 2017)

«Una pareja pierde a su hijo mientras salvaba a un amigo cuando se estaba ahogando. Tras la tragedia la pareja se ofrece a acoger al amigo de su hijo que sobrevivió. ¿Cuál será la relación de esos padres con el niño que causó involuntariamente la muerte de su propio hijo?»

Es el purgatorio del dolor. Es la redención de los pecados en forma de parábola. El perdón en su forma más pura. Es el dilema puesto en escena. Todo el trabajo que el guion nos enseña es una realidad sin contraprestaciones. La esperanza es un sentimiento eterno que se trunca si se disipa el camino de la verdad. Las paradojas de los sentimientos se presentan con antítesis argumentales. El conocimiento de la verdad es a veces un camino pedregoso y agreste, pero que es necesario para poder resurgir y resetear el dolor.

El guion es un trabajo exquisito de realismo y verismo. Un trabajo lleno de pequeñas muestras de delicadeza. De respeto a los hechos y a las acciones humanas. De confrontación de sentimientos opuestos e imposibles de definir por la razón. Una lucha fratricida de guante blanco entre el deber y el querer.

Los tres personajes principales y sus purgadas vicisitudes son el reflejo real de cómo enfrentarse al dolor y al perdón. Esas actitudes, entendidas o no, son el reflejo de un espejo roto, desquebrajado por la realidad y la falta de compasión de un contorno no empático en lo profundo de la falsa relación social. Un golpe en la mesa que transmite la fragilidad del ser humano ante realidades no esperadas y que rompen las esperanzas del ser humano. Bella en su dolor. Intensa en su realización.

«MATERNIDAD» (JAPÓN, 2020)
«Shuhei es un niño que vive por y para su madre en unas circunstancias muy deficientes. Pero al pasar los años empieza a descubrir un mundo ajeno al control enfermizo de su madre. ¿Cuáles son los límites de esa relación enfermiza?»

Un hachazo directo al corazón sobre la fidelidad de un hijo. Acostumbrados a las buenas intenciones de una madre, la realidad nos puede devolver directos a una relación pura pero con resultados tóxicos. Una dependencia por desconocimiento, interesada de un lado y sin ápices de maldad por otro.

Un análisis clarificador sobre la influencia de la educación y el poder de los progenitores. Hasta qué punto se puede mantener la fuerza del sentimiento sin que se resquebrajen los lazos afectivos. Muchas veces esa delgada línea de la decencia se traspasa y el director la bordea sin vergüenza y sale airoso al no caer en intereses espúreos ni sensacionalistas ni edulcorados.

«LA MITAD DE ANA» (ESPAÑA, 2024)

«Ana compagina su trabajo de vigilante de sala en un museo con el cuidado de Son, su hija de ocho años. Separada desde hace tiempo, su rutina se rompe con el inicio del curso escolar cuando Son inicia una exploración de identidad. Desorientada, Ana empezará a ver las cosas de otra manera y poco a poco tendrá que reencontrarse con la mujer que fue antes de ser madre.»

Entender que la identidad de los padres no se debe de perder al convertirse en progenitores es un arduo trabajo que no siempre llega a buen puerto. La implicación, la presión personal, cultural y social y la explosiva carga emocional de la paternidad se unen para caer en todo aquello que nos desdibuja como personas.

Buscarse a uno mismo es encontrarse para los demás y la protagonista de esta película debe tomar decisiones por el bien de sus hijos que son difíciles de entender para un imaginario colectivo influenciados por la santificación de unos lazos familiares no siempre estáticos e inamovibles. Explora con acierto la rectificación de los prejuicios propios.

«UN FILS (A SON)» (TÚNEZ, 2019)
«Las vacaciones de Fares, Meriem y su hijo Aziz, de 10 años, casi terminan en tragedia cuando el pequeño es herido accidentalmente. Su paso por el hospital cambiará sus vidas.»’

Una liberada expresión del concepto de amor. Un eterno canto a la pureza del sentimiento que lucha por abrirse camino ante la demagogia de los valores y principios sociales.

Mehdi M. Barsaoui penetra con sigilo en la dicotomía del deber y el parecer. Confronta sin miramientos orgullo, perdón y amor. Sabia distribución del guion que conduce inexorablemente, tras la compartimentación, hacia una eclosión de visceralidad, donde razón y emoción chocan y debe explorarse a uno mismo sin cortapisas para entender qué es lo que sentimos. Conceptos eternamente estancados deben ser destruidos para poder vivir. Y su protagonista los encaja con sabiduría, no sin esfuerzo, y compasión (o comprensión). Una oda al amor de los inocentes, de los eternos damnificados en las luchas ajenas pero implicadas.

«A SUN» (TAIWAN, 2019)
«A-Wen ha puesto todas sus esperanzas y expectativas en su introvertido y tímido hijo mayor, A-Hao. Su otro hijo,A-Ho, más joven, siempre ha sido un chico problemático, y por ello su padre nunca ha tenido esperanzas con su futuro.»

Es posiblemente una de las cintas más completas en el tratamiento de las relaciones familiares del año. Tiene la capacidad de armar una historia llena de puntiagudas aristas. Una historia con etiquetas preestablecidas donde la hosca realidad coloca a sus protagonistas en un punto de ebullición sin fin.

La fluida narración, la equilibrada dispersión de la información y esa búsqueda desesperada de la explicación del porqué de cada personalidad hacen que no tengamos descanso como espectadores. Es un jarro de agua fría para los amantes de la felicidad eterna. Pero es capaz de transmitir con sabia frialdad y enérgica ternura todo lo imperfectos que somos y todo lo incongruentemente que nos relacionamos.

«SALVE MARÍA» (ESPAÑA, 2024)
«María, una joven escritora que acaba de ser madre, se topa con la noticia de un suceso estremecedor: una mujer francesa ha ahogado a sus gemelos de 10 meses en la bañera. María se obsesiona con ello, ¿por qué los mató? A partir de ese momento, la sombra del infanticidio la acechará como una vertiginosa posibilidad.»

Una atmósfera terriblemente cargante, abrumadora para el espectador, que actúa como losa para quien intente entender a la protagonista. El director arriesga y mezcla los géneros sin vergüenza. El drama del desapego postparto se une a un enigmático thriller que va encaminando la trama entre el estupor y la resiliencia. Saber mantener el pulso en la dirección, sin descarrilar, una interpretación sublime de su protagonista y la falta de empatía inicial por falta de conocimiento van creando un caldo de cultivo explosivo en el espectador. Una arriesgada forma de analizar la falta de amor inicial con los hijos que no es ni bien visto ni entendido. No intenta posicionarse, expone para jugar con los motivos y las consecuencias.

«FATHER MOTHER SISTER BROTHER» (EE.UU., 2025)
«Tres historias sobre las relaciones entre hijos adultos, sus distantes padres y entre ellos mismos.»

Una trabajo afilado y cáustico de incomunicación, de silencios rotos, de relaciones tóxicas, de lazos familiares destrozados por la falta de entendimiento, de sibilinas y enquistadas insinuaciones, de incomprensión emocional, de vehemente falta de empatía… Historias sencillas que utilizan el canal como transmisor de ideas, encapsulando el dolor y creando atmósferas recargadas de intolerables sensaciones, de exagerados perfiles y de sutiles imperfecciones.

«HASTA SIEMPRE, HIJO MÍO» (CHINA, 2019)

«Dos matrimonios se adaptan a los grandes cambios sociales y económicos que tienen lugar en China desde la década de 1970 hasta hoy. No siempre sus descendientes colmarán de felicidad a sus padres con sus decisiones.»

Con la austeridad por bandera, el tiempo es el único capaz de moldear los sentimientos de unos personajes hoscos y agrestes, que con la acción como única forma de expresarse viven hacia adentro todas las vicisitudes que la vida o el Sino les pone en su sinuosa existencia. El camino es duro y estrecho y el guion muestra de forma pausada y tenue ese devenir serpenteante y quebradizo que el espectador recoge y moldea con pasión. Es una trama real, vivida por cualquier niño y padre, sus argumentaciones visuales encogen los helados corazones pero no dejan indiferente.

La respuesta a cada movimiento de cámara es la espera de una respuesta que el fatum no despliega sin causas ni consecuencias. La abigarrada actuación de sus protagonistas, con sus intrínsecas relaciones tóxicas y fallidas, humanizan y añaden credibilidad. Las acciones encajan como un rompecabezas en la mente del espectador, difícil y lento, pero contundente en su resultado final. Escuchamos los susurros que el director imprime en cada plano, como un canto a la eternidad de nuestras propias vidas, siendo conscientes de que sus elipsis son momentos vividos pero no expresados. El dolor se manifiesta con delicadeza y el guion consigue que acabemos entendiendo la pausada reacción finalista y la visceralidad de antaño. Las dos caras de una vida, o de una moneda…

«UN ASUNTO DE FAMILIA» (JAPÓN, 2018)
«Osamu y su hijo encuentran a una niña en la calle y la acogen en su seno. Al principio, la mujer de Osamu no quiere que se quede con ellos, pero acaba apiadándose. Su familia es feliz a pesar de su frágil y deficiente situación. Pero la llegada de la niña revela un secreto difícil de superar.»

Hirokazu Koreeda nos tiene acostumbrados a demoler todos nuestros principios y valores, nuestras ideas preestablecidas sobre la familia y los sentimientos que más arraigo tienen en nuestra persona. Tras ‘De tal padre, tal hijo’, llega esta oda a la elección de los sentimientos enfrentándolo al cariño adquirido.

Su ejemplificante narración hace volar nuestras intenciones buenistas y chocar de frente contra lo que debemos ser y hacer. Magistralmente el director engancha al espectador con una empatizante variedad de personajes principales, que narran sus ausencias de la forma más bella posible. Las necesidades y carencias son recompensadas por un discurso fuerte de elecciones y coherencias. La ley no es juzgada en esta escala de valores sentimentales. Va un paso más allá. La coherencia de sus vidas se ve recompensada por sus elecciones pero siempre perseguida por sus acciones.

La supervivencia es la meta, pero siempre en las circunstancias elegidas. Esa forma tan elegante de narración audiovisual agranda la calidad de la historia de fondo. Cada plano, siempre influenciado por la pequeñez de sus mundos, se encierra en si mismo. Cada elección de movimiento es una intención de huida, pero nunca acabada, nunca llevada a buen puerto. Romper las reglas de lo establecido es un duro choque de intereses.

«DE TAL PADRE, TAL HIJO» (JAPÓN, 2013)
«Ryoata es un arquitecto recto y profesional hasta el extremo que vive felizmente con su esposa y su hijo de seis años. Todo cambia cuando le llaman del hospital donde nació el niño.»

Un retrato de lo que significan los lazos familiares, la unión paterno filial y la educación. Lo destacable del guión son los sutiles giros de las tramas, que de forma sinuosa desemboca paso a paso en paradojas muy veristas. La representación de los personajes es impecable a la hora de descubrir sus carencias y sus defectos, poco a poco el director lleva al espectador a intentar comprender y compartir las idas y venidas de los protagonistas, entender sus defectos, compartir sus aciertos y desear sus alegrías… un lazo de empatía que llega sin quererlo.

La contraposición de las familias aunque comienza excesiva recrea prototipos verificables que acaban encontrando en nuestro subconsciente parte de nosotros, consiguiendo esa conexión que el espectador anhela. Además, la banda sonora sutil y minimalista y la limpieza de plano ayudan a focalizar las ideas del guión.

«MOMMY» (CANADÁ, 2014)
«En una Canadá ficticia, se aprueba una ley que permite que los padres incapaces de controlar a sus hijos problemáticos les internen en un centro especial. Sin embargo, Diane «Die» Despres, una madre viuda con carácter, decide educar ella misma a su hijo adolescente Steve, que padece ADHD y que puede llegar a resultar violento.»

Armonía y contrastes, jugosa película creada en base a los vaivenes emocionales del protagonista… sus miedos e histerias se vuelcan en la percepción visual del espectador, las emociones de la relación materno filial se nos traslada de tres formas inequívocas: imagen, ritmo e impacto.

La trama bebe del tempo real, aunque la dilatación de los buenos momentos y la apertura de la imagen cuando se van los miedos y tiene donde agarrarse el personaje contrastan con el abigarramiento de los momentos tensos, la falta de iluminación o hasta el detalle sistémico de planos en movimiento que acerca al espectador al dolor. Unas interpretaciones sublimes acordes al desarrollo de los personajes, pues los vemos crecer, cada uno a su ritmo, pero con intensidad emotiva tal que engancha.

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